SPLEEN

En la formalidad de nuestros encuentros

la inercia de una chispa destella.

 

Estos rostros tan lechuzos,

enmarcan un pueblo

insomne claudicado.

 

Donde no se entiende acotaciones

entre sueños y placeres.

 

Los noctívagos soportamos

inminentes madrugadas

bajo lacónicos desenfrenos.

 

Que propugnan nuestras manías lúdicas oculares

como sintagma gráfico subconsciente.

 

Hurgamos la noche,

para subsanar

falencias diurnas.

 

Y crecer a espaldas

de un lampadario sol cromático

con profusas sombras artificiales.

 

Entre ciertos brillos negros, ajenos de realidad,

en el rincón enclaustro de nuestros hábitos.

 

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Como cascada… Tu voz

el mismo peso, tono

y pudor.

 

Especie de pus, disuelto en mis oídos

dando orden o pidiendo perdón.

 

Recalcas los miedos, alborotas los fríos.

 

¡Quemaste la paz!

 

Efímero como las horas/en el tiempo

donde perdiste tus huellas,

el rastro, mi respeto.

 

Ahora perdámonos… En su momento preciso

del mundo, del cuerpo,

volvámonos humo del pensamiento.

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ALBORADA

 

Voy a quemar los bombillos

para brillar

en tono oscuro.

 

Los tediosos cromatismos

habituales

aparecen con la noche.

 

A veces me asusta apagar

la luz

porque no puedo ver mi sombra.

 

Y sin embargo

el sol

puede llegar

a ser hermoso.

 

Siempre y cuando

no me alumbre

los albores.

 

Y es que yo

Solo disfruto

las auroras

que amanecen en tus ojos.

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Puede suceder

que la inercia

póstuma a la acción

 

resulte inversa

al objetivo.

 

Para protestar

contra la lluvia

 

habrá que podrirnos

los pies, caminando

por sus charcos.

 

Buscar el sol

hasta insolarnos

la mirada

 

y silbar canciones

que resequen

la garganta.

 

Como un búho

que no soporta

el silencio de las noches.

 

Y se viste de ruiseñor

por las mañanas.