“Estamos condenados a encontrar solo migajas de felicidad”

  1. R Ribeyro

 

Taskent soledad ultra (Ediciones Espiral, 2017) es el segundo poemario de Diego Quintero (1990). El poemario se divide en tres partes, cada una con sus especificidades estéticas y rigor temático, a saber: Cartografía del tiempo, Taskent soledad ultra y La agente Fabre muere a contraluz del prisma.

Cartografía del tiempo nos ofrece un catálogo de regiones y personas, las cuales conforman el origen genealógico, personal y geográfico del yo lírico. Así, en el poema III leemos lo siguiente “Papá solía leerme/ ese poema/ exacto/ de los noctámbulos”. Algo similar ocurre en el poema XIII “Estar enfermo de mornas es herencia de mamá, de su isla”.[1] Este tipo de poemas se caracterizan por la retrospección y la directa implicación del yo lírico y sus circunstancias. Este rastrea su origen, las aristas que lo constituyen. Los padres importan solo en la medida en que forman parte de esta búsqueda. Jamás tienen un rol protagónico.

Las mujeres y su sempiterna lejanía conforman la segunda arista de este polígono vital “Ahora vive en Estocolmo. Suelo escribirle mails hechos para viajar noctámbulos de sangre en sangre” (poema XXIII). Este tipo de poemas, ligeramente edulcorados y culposos, pueden constituir el punto flaco del texto. Por fortuna, Quintero cuenta con la suficiente habilidad para salir de este atolladero y regresa, pronto en el texto, a las formas que maneja con experticia.

Los amigos, bajo el halo de lo periférico hacen su amorfa aparición “[…] los ojos centelleantes en sus madrigueras adonde regresan después de ser dimitidos del mundo. Sus familias prefieren guardan silencio” (poema XVI). Por último tenemos la diversa geografía por la que se mueve este yo lírico hasta recular en un país del trópico “Continúo: amé esta geografía como amé la totalidad de cualquier hombre” (poema XVIII).

El tejido que une estos elementos cartográficos lo conforma el desplazamiento como condición del yo lírico. La duda por el porvenir se incrementa a razón de la constante y aciaga movilización y su consecuente desprendimiento de sujetos y territorios que empezaban a ser conocidos y queridos. El yo lírico que penetra en cada poema de Cartografía del tiempo es, en sí mismo, una pequeña pero poderosa diáspora: la soledad y el despojo como únicos asideros estables. Conviene, ante lo dicho, un último ejemplo “There´s no place like home. There´s no place like home y cabalgo”. Más adelante, en el mismo poema “Ámsterdam se acerca de forma vertiginosa como un slingshot gigante construido con el fin de arrojarme hacia América” (poema XXI).

Taskent soledad ultra, por su parte, ofrece una dilución del yo lírico especular para dar paso a una poesía de características reflexivas. Esta, y no otra, es la verdadera poesía de Quintero. Mandala elemental, por ejemplo, nos invita a reflexionar sobre el estatuto de la literatura “Supongamos la literatura una relación entre dos planos; el dibujo de figuras geométricas”. Para cerrar con su fin máximo “En todo caso lo importante es lograr múltiples lecturas”.

Otro rasgo característico de esta segunda parte lo constituyen las atmósferas oníricas y la densidad de sus imágenes. Estas ideas su conjugan en un poema que, ya desde su título, vislumbra su ingeniería poética, se trata de Ligotti: “Llega el día menos esperado para recorrer el jardín como un aristócrata sin pies, un emperador en llamas” y continúa “Lo huele. Tantea. Le inyecta su veneno desde el nervio molar hasta la parte suave del coxis”.

En esta segunda parte del poemario prima, como en la primera, la fluctuación, pero acá carecerá de una referencia material, para alojarse en los intersticios del pensamiento y sus ramificaciones complejas, hasta terminar en poemas de índole reflexiva y onírica que intensifican, de manera distinta, el desprendimiento. La soledad, inherente a los momentos de reflexión y ensueño, de nueva cuenta, se apodera del texto.

La agente Fabre muere a contraluz del prisma es un poema de largo aliento construido a tres voces. Agente, asesino y víctima confluyen en un entramado poético en donde, bajo la lógica de la secuencia cinematográfica, las voces terminan por yuxtaponerse convirtiendo esta última parte en la más compleja del texto.

Esta complejidad no le resta nada al poemario y, por el contario, da cuenta de la experimentación y el dominio de recursos que implementa Quintero: la dilución del yo lírico se completa y la experimentación toma el espacio protagónico en detrimento de la autoreferencia. Prueba de lo anterior lo hayamos en el cuento que intercede la armazón poética. Se rompe la crisálida del poema en prosa para expandirse en la tención contenida del cuento: “El divorcio no le implicó mayor contratiempo. Era una firma, un par de abogados, toda la gracia posible en separar los bienes. Lo difícil fue acostumbrarse a un apartamento vacío”.[2]

Taskent soledad ultra es sin duda un poemario insular, difícil de ubicar dentro de la escena poética costarricense. La pluralidad de temas y el manejo de recursos poéticos que se imbrican en este texto, denota el progreso de un poeta y su madurez, además del compromiso con la poesía.

Reseña por 

Erick Quesada Garita.

Poemas

I

Nací al límite de la soviet donde los árboles. Recuerdo, las hojas, recuerdo, se abrazan a la tibieza de julio como las manos pequeñas y grises del recién nacido. Lo demás se diluyó en la nebulosa de los primeros días tal cual la juventud paterna se diluye en lo cirílico. Taskent se olvida y avanza y se adhiere a la gangrena del tiempo, repta, sí, con el cuerpo acercándose a la descomposición necesaria, inevitable. Mi  enfisema es signo de varios trabajos de call center  y los kilómetros equidistan los años, un bólido es para soñarse ¿o no? Un bólido me lleva a una isla microscópica del atlántico. Mis abuelos viven en Mindelo con algo de sosiego a pesar de pertenecer a un pueblo vibrante y pienso en la morabeza y pienso en la morna y los barcos son temporales.

 

Robert Brown 1827

Una partícula de polvo se mueve en zigzag

y tenemos miedo.

Una partícula de polvo se mueve

como tan poca cosa

entre los pasillos, los corredores

mal planeados de un lugar

similar a una tumba

aunque no sea una tumba

sino una serie de habitaciones

donde cada quien

dice: -tenemos miedo.

Una partícula de polvo se mueve en zigzag

para ir, venir

entre las tablas del cielo raso

como un delfín

o el sueño de un delfín.

 

Annus mirabilis.

 

Una partícula de polvo se mueve en zigzag

digamos

como una partícula del lenguaje,

esa interpretación

de un viaje sutil

al fondo. A veces, cuando llueve,

escucho rap

mientras sorbo café

y ninguna palabra me pertenece.

Otra vez

una partícula de polvo

se levanta –el movimiento preciso-

para recordarle a una familia

su origen.

 

(Sin título)

Usted abre los ojos y piensa en lo absurdo de las últimas semanas. A su lado, ella expande la caja torácica; dormirá hasta tarde. Usted decide levantarse, desayuna algo: un café negro sin azúcar. Después de colarlo deja el humo difuminarse en la claridad del amanecer. Sorbe mientras pronostica el clima para ese día; húmedo y caliente e imposible como el núcleo de los trópicos. Contempla la idea de salir a correr; quemar la garganta con el aire tibio de los jadeos. Pero se detiene. Siente que la observan. Las cortinas están abiertas de par en par. Es muy temprano y la calle está completamente vacía. Se queda frente a la ventana, a contraluz, con esa sensación de resquemor en la boca del estómago.


*Erick Quesada Garita (1990) es graduado en Filosofía con énfasis en artes y letras de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA). Codirige la revista electrónica Antagónica, centrada en la producción literaria joven en Costa Rica.

[1] A partir de este momento todos los poemas citados responden a la lógica del poema en prosa, por lo cual están citados como si de prosa se tratara.

[2] Reconozco que una breve cita no puede ejemplificar de manera fehaciente lo sostenido en el texto principal. Colocar todo el cuento, lo cual sería lo óptimo, vendría siendo un exceso. La paradoja está expuesta y soy el primero en reconocerla. La solución (de Perogrullo) leer el texto y juzgar.