Fainá, una joven chamana de la tribu Himba, se despertó a mitad de la noche. Su esposo dormía profundamente, pues él no podía oír los ruidos que hacen los muertos. “Qué afortunado —pensó ella— yo siempre los escucho bien clarito”.

Fainá se acercó al altar, prendió una vela en silencio y como de costumbre tiró los trece caracoles. La respuesta fue clara y concisa: no había nada de qué preocuparse, el espíritu no era maligno. ¿Cómo no se dio cuenta?… Mucho más tranquila, Fainá volvió a la cama. Su esposo, sin embargo, siguió haciendo ruido durante varios días, hasta que concluyeron los rituales funerarios.

Autor: Ikaro Valderrama