Sin duda Hugh Hefner era el viejito más libidinoso del mundo, quizás ser un rey en su castillo, con bata y pantuflas, sentado en su trono, mirando los jardines vacíos de su mansión, por donde antes la piel desnuda del sexo femenino se paseaba noche y día, donde grandes escritores y artistas tomaron sus aguas espirituosas, fue la mejor manera de despedir sus días.

Hugh Hefner
Hugh Hefner

Fumo y tomo, hasta los 92, no sé si hasta su último suspiro todo fuera un buen polvo. Él supo romper los moldes moralistas que le impusieron desde de niño, pero algo es seguro supo salir por la puerta trasera de la vida siendo de los últimos trasgresores aun en pie.

Para mí fue un ilustrador, el revelador de la belleza femenina, de las famosas encueradas y de las erecciones consensuadas que me llevaron con foco en mano al encuentro unisexual con las imágenes cada noche cuando ya mis padres no rondaban. Todo un pueril adolescente, precario en la conquista femenina y con poco ápice de buena formación sexual, debo admitir que las imágenes de Playboy fueron mi primer encuentro gráfico con las cualidades femeninas.

Pero el problema en esos tiempos era el inglés, imposible leer los artículos que seguro fueron excelentes, pero eso no detuvo el intercambio prohibido en el colegio, el contrabando, eso fue claro. Algunos hasta vendían las hojas por separado, una oportunidad para los emprendedores dirían hoy. Tener una Revista Playboy te daba estatus de peligroso.

Benditas sean las franquicias que me permitieron tiempo despúes leer muchos buenos artículos en español, además de ver chicas latinas, las gringas y las rubias tendían a aburrirme. Pero eso tenía esta revista, buen gusto, su calidad fotográfica no era como otras publicaciones que trataron de emularla, donde las chicas parecían un desfile ginecológico.

Hasta Joaquín Sabina en su tema “El Pirata Cojo” soñó con ser fotógrafo de Playboy. Pues por más que el feminismo indilgue la misoginia machista a la mujer como objeto sexual, se debe reconocer el espíritu transgresor de una revista que hablaba de sexo abiertamente y realizaba entrevistas controversiales, en épocas de revoluciones y guerras frías.

Pero la pornografía y el internet dicen que mataron a la revista, la mansión hedonista era un objeto de venta, un museo a la sexualidad, libre y sin tapujos. Hoy un icono en una sociedad de matices hipócritas, que se asusta con una teta amantada por un bebé, mientras sus detractores se masturban mirando una chica en video  en alguna página web.

Hugh Hefner sin duda es un ícono contracultural, más allá del concepto pop. Un ícono concupiscente en una era donde el goce humano era mal visto.

José Ricardo Carballo - Bajo su propio riesgo