En medio de las tropicales aguas del Caribe flotaba un bote de madera en el que viajaba Julio. Llego ahí huyendo de la estresante y abrumadora realidad que lo rodeaba. Un día compro un bote, al que llamo “el escape” y decidió navegar sin rumbo. Luego de varias horas de navegar decidió parar y admirar la paz color celeste que tenía frente a sus ojos. Se sentó a la orilla del bote a respirar libertad. Mientras estaba ahí, notó una enorme sombra moviéndose bajo sus pies. La siguió con la mirada. Sumergió su cabeza en el agua, pero se había desvanecido en las profundidades caribeñas. Se levantó intrigado y la buscó en el horizonte pero no había nada. De pronto, una ballena jorobada salto por encima del bote volcándolo y dejando a Julio en el agua. La ballena volvió a desaparecer. Julio trataba de subir a la superficie para agarrarse de alguna tabla cuando volvió a sentir la presencia del enorme animal marino por debajo. Cuando volvió a ver hacia abajo lo único que vio fue una enorme boca abriéndose en dirección a él.

Despertó atontado y empapado. Estaba en medio de un desierto con arena color azul y bajo un cielo color café con estrellas verdes y luna roja. No sabía dónde estaba, lo último que recordaba era estar siendo devorado por una ballena. En medio de la confusión, se abrió un hueco en la arena y salto un mono alegre y con la mirada distraída. El mono se acercó a Julio y le dijo: “Pareces algo confundido, he venido a aclarar tus dudas.” Julio estaba tan asombrado que apenas alcanzó a preguntar una cosa: “¿Dónde estoy?” el mono le contestó “dentro de una ballena” y se devolvió a su hueco. Al principio le costó procesar la noticia pero se calmó finalmente. Estaba lejos del mundo, en una realidad tan irreal que parecía estar dentro de un cuento. Pero se sentía bien, bajo esa luna roja y sobre la arena azul. Entonces decidió caminar y explorar las maravillas inusuales.

Caminó sin parar admirando los fantasiosos paisajes, hasta que llegó a una colina. Subió la pequeña colina y se topó con una puerta que era vigilada por otro mono, solo que este tenía un peluquín gris, lentes de sol y no podía hablar. Julio le preguntó que si podía pasar. El mono extendió su mano, le entregó unas llaves y se desvaneció. Abrió la puerta y apareció en medio de la noche, en una selva. Habían arboles gigantescos con hojas luminosas que alumbraban el camino y con troncos transparentes, llenos de agua y con peces adentro. Las raíces de los arboles estaban conectadas por abajo y desembocaban en un río de agua helada con focas que nadaban entre los peces. Julio llegó al rio y se dio cuenta que no había donde ir. No quería entrar al agua porque se iba a congelar. Pero un mono salto de un árbol empujándolo al rio donde una foca lo arrastro a las profundidades. En el camino se toparon con sirenas y ruinas de palacios que habían sido construidos por las focas y destruidos por el tiempo.

Apareció en una montaña. En el cielo se abría un pequeño hueco por donde se asomaba la foca que lo llevo hasta ahí. El resto era majestuoso. Un cielo negro, casi morado. Miles de estrellas formaban palabras en un idioma desconocido. Una constelación con forma de ballena y otra con forma de mono y siete planetas con formas extravagantes que rodeaban a una luna inmensamente bella. Bajo del cielo recargado de belleza solo había una casita de madera con una mecedora afuera. Julio se acercó y había una anciana sentada cantando en un idioma extraño mientras veía las estrellas. Junto a ella un mono tocaba la armónica, acompañando la voz nocturna de la anciana. La música paro. La puerta de la casa se abrió mientras la anciana y el animal la señalaban. Julio entro a la casa.

Ahora apareció sentado en una nube. La única nube en el cielo. Alrededor solo había celeste y abajo había mar. Era un mar claro, que se le hacía conocido. De repente una gaviota lo agarró de la camisa y se lo llevó. Volaron por un rato hasta que lo dejó caer. Cayó y apareció en su bote, sentado, observando una sombra bajo sus pies que se desvaneció en lo profundo y no volvió a aparecer.

José Ricardo Carballo - Bajo su propio riesgo