¿Por qué las moscas están obsesionadas con posarse una y otra vez en el cuerpo de las personas? No lo entiendo, aunque tengo que admitir que es posible que para la mosca tenga algún sentido. Quién sabe lo que puede pasar por la mente de un animal que tiene mil ojos…

Hay una que me lleva siguiendo toda la mañana. En el dormitorio, en el cuarto de baño, en la cocina, y ahora aquí. Quizá se sienta sola. Ese sería un buen título para un libro: “La soledad de la mosca”. ¿Pero es que no se da cuenta, aun siendo una mosca, de que su actitud suplicante y repetitiva solo va a crear en mí un sentimiento de rechazo aún mayor hacia ella? ¿Qué tengo que hacer para que se entere de que no quiero que esté posada todo el tiempo en mi oreja, o que me recorra las piernas? Parece que los manotazos no son suficientes.

¿Se podrá enamorar una mosca? Es posible que se trate de eso. Si un ser humano es capaz de hacer algo tan irracional, pese a su educación y su mente evolucionada y analítica, ¿por qué no podría hacerlo un coleóptero? ¡Claro! Esa debe ser la razón. ¿Cómo iba a enamorarse de otra mosca, con lo feas que son? Tener mil ojos debe servir para algo.

Tengo que ponerme en marcha. Hoy me he levantado demasiado tarde. Lógico, teniendo en cuenta que estaba en el dormitorio con mi nueva amiga. ¿Cómo será el orgasmo de una mosca? ¿Tendrán mal humor por las mañanas? Es posible que alguna de ellas sea amable y te prepare el desayuno. Tu trocito de mierda junto a la cama cada vez que abres los ojos. ¿Pero cómo le dices que eso es una porquería sin llegar a herir sus sentimientos, si es que los tiene? Ella solo es una mosca, pero eso es lo que hacen las moscas. Y esta es la mía.

Cuento Corto por Antonio Trujillo.